dimarts, 17 de març del 2020

Socialismo y mundo contemporáneo


Fa uns dies a Sin Permiso em varen publicar la traducció d'aquest article:

Socialismo y mundo contemporáneo

Antoni Soy

05/03/2020
Tal como nos explicaba Antoni Domènech de forma brillante, en su capítulo de un interesante libro (¿Tiene porvenir el socialismo?), el conocimiento del socialismo, es decir, del movimiento obrero y popular contemporáneo y de sus diferentes familias políticas históricas -en un sentido amplio, la socialdemocracia (marxista o no), el laborismo, el anarquismo, el anarcosindicalismo, los diferentes comunismos (marxistas o no) -, es imprescindible para entender la realidad (política, económica, social y cultural) del mundo contemporáneo, al menos desde principios del siglo XIX.

El movimiento socialista está en el origen de las grandes organizaciones políticas y sociales que han existido en este periodo, en particular de los grandes partidos políticos de masas del siglo XX y de las grandes organizaciones sindicales. Y el mundo contemporáneo le debe, al socialismo obrero, haber mantenido con vida, durante 150 años (desde la caída de Robespierre y la república democrática francesa -1794- hasta la declaración universal de la ONU -1948-) la llama de los derechos humanos. Y también, gracias en gran parte a la revolución soviética de 1917, la descolonización y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Pero, además, el mundo actual, y en particular Europa, le deben la democracia política entendida como régimen genuinamente parlamentario con sufragio universal. Fue el socialismo obrero quien luchó hasta las últimas consecuencias, en el siglo XIX, a favor del sufragio universal y de la república parlamentaria democrática. Y fue ese mismo movimiento que luchó por la caída de las viejas monarquías constitucionales o autocráticas, tras la I Guerra Mundial (en Alemania, Austria, Gran Bretaña, Rusia, España), y quien llevó a Europa, por primera vez, la democracia parlamentaria republicana. Esta no fue, en ningún caso, el producto de unas supuestas "revoluciones liberales o burguesas", como la ideología dominante nos ha querido hacer creer a veces.

Y ese socialismo contemporáneo, señalaba Domènech, es el heredero del republicanismo democrático revolucionario moderno: de la "liberté, egalité, fraternité" y de los derechos humanos de la revolución francesa a finales del siglo XVIII. El republicanismo democrático revolucionario hace una afirmación radical de la libertad republicana: ser libre consiste en que no se debe pedir permiso a nadie para existir socialmente. La libertad política es inalienable.

Además, la democracia consiste en universalizar la libertad republicana a toda la población adulta. Las personas son todas civilmente iguales, en tanto que son recíprocamente libres. El republicanismo democrático implica necesariamente el imperio total de la "ley civil" (de la "civilización") sobre la vida social y sobre el estado. Implica, por tanto, por un lado, la desaparición de la "ley de familia" -el que había sido el despotismo patrimonial (de los patrones) y patriarcal (de los jefes de familia) -, lo que significaba el final de la esclavitud en todas sus formas y grados, incluyendo el clientelismo y el trabajo asalariado. Y, por otro lado, la desaparición de la "ley política", es decir, del estado monárquico burocrático que no rendía cuentas y no podía ser controlado por el pueblo. Es decir, la autoridad política ya no puede ser arbitraria sino que puede ser destituida a voluntad (es fideicomisaria) siempre que el pueblo (el fideicomitente) manifieste que ha perdido la confianza. Esta visión republicana de la relación entre el pueblo y la autoridad política (o entre las bases y los dirigentes) ha sido una parte integral de la teoría y la práctica del movimiento obrero socialista histórico.

El hecho de que la libertad republicana se convirtiera en universal implicaba necesariamente una remodelación completa de las instituciones de la propiedad. La comunidad política es la propietaria última de todo y, por tanto, la "propiedad privada" (apropiación de los recursos y medios de producción) es una concesión pública (política) condicional, en régimen de fideicomiso, y dependiendo de la voluntad del pueblo soberano (el fideicomisario). Este concepto de propiedad republicana, fiduciaria, es el que establecieron y transmitir las cuatro grandes revoluciones republicanas contemporáneas -la de EE.UU. (1776), la francesa (1789), la mexicana (1910), y la rusa (1917) -, y este es el sentido que tiene en todas las constituciones de los países mínimamente civilizados: la propiedad privada debe ser servidora de una finalidad social. Así pues, la idea liberal decimonónica de una propiedad privada "exclusiva y excluyente", asocial y apolítica, es más una fantasía ideológica y un arma de combate político a favor de intereses particulares que una realidad jurídica e histórica.

La tradición republicana democrática inventa la idea de nación y de soberanía popular fideicomitente (el pueblo soberano es el que decide en última instancia), pero esto no tiene nada que ver con el "nacionalismo", que es mucho más reciente y no tiene ninguna relación ni con el republicanismo ni con la Ilustración. Contrariamente, el republicanismo democrático quería una federación republicana fraternal de los pueblos soberanos que componen la humanidad. Y en esta concepción, no hay ninguna contradicción entre el orden justo internacional respetuoso de los derechos humanos y la afirmación de la soberanía nacional de los diferentes pueblos. Una soberanía que pasa por el cumplimiento de todas las obligaciones fideicomisarias (cualquier actuación o decisión está sujeto al rendimiento de cuentas al pueblo soberano) y, por tanto, por el respeto de la acción y la dignidad de las personas sujetas al poder estatal y su monopolio de la violencia.

De hecho, el socialismo fue la respuesta del republicanismo democrático tradicional al desarrollo de las fuerzas históricas dinámicas que dieron lugar a la economía capitalista industrial, lo que Robespierre llamaba la "economía política tiránica".

diumenge, 15 de març del 2020

Socialisme i món contemporani


Fa uns dies a La Directa em varen publicar aquest article:


Socialisme i món contemporani

Tal com ens explicava Antoni Domènech de forma brillant, en el seu capítol d’un interessant llibre (¿Tiene porvenir el socialismo?), el coneixement del socialisme, és a dir, del moviment obrer i popular contemporani i de les seves diferents famílies polítiques històriques -en un sentit ampli, la socialdemocràcia (marxista o no), el laborisme, l’anarquisme, l’anarcosindicalisme, els diferents comunismes (marxistes o no)-, és imprescindible per entendre la realitat (política, econòmica, social i cultural) del món contemporani, com a mínim des de principis del segle XIX.

El moviment socialista està en l’origen de les grans organitzacions polítiques i socials que han existit en aquest període, en particular dels grans partits polítics de masses del segle XX i de les grans organitzacions sindicals. I el món contemporani li deu, al socialisme obrer, haver mantingut amb vida, durant 150 anys (des de la caiguda de Robespierre i la república democràtica francesa -1794- fins a la declaració universal de l’ONU -1948-) la flama dels drets humans. I també, gràcies en gran part a la revolució soviètica de 1917, la descolonització i el reconeixement del dret a l’autodeterminació dels pobles.
Però, a més, el món actual, i en particular Europa, li deuen la democràcia política entesa com a règim genuïnament parlamentari amb sufragi universal. Va ser el socialisme obrer qui va lluitar fins a les últimes conseqüències, en el segle XIX, a favor del sufragi universal i de la república parlamentària democràtica. I va ser aquest mateix moviment qui va lluitar per la caiguda de les velles monarquies constitucionals o autocràtiques, després de la I Guerra Mundial (a Alemanya, Àustria, Gran Bretanya, Rússia, Espanya), i qui va portar a Europa, per primera vegada, la democràcia parlamentària republicana. Aquesta no fou, en cap cas, el producte d’unes suposades “revolucions liberals o burgeses”, com la ideologia dominant ens ha volgut fer creure a vegades.

I aquest socialisme contemporani, assenyalava Domènech, és l’hereu del republicanisme democràtic revolucionari modern: de la “liberté, egalité, fraternité” i dels drets humans de la revolució francesa a finals del segle XVIII. El republicanisme democràtic revolucionari fa una afirmació radical de la llibertat republicana: ser lliure consisteix en el fet que no s’ha de demanar permís a ningú per existir socialment. La llibertat política és inalienable.

A més, la democràcia consisteix a universalitzar la llibertat republicana a tota la població adulta. Les persones són totes civilment iguales, en tant que són recíprocament lliures. El republicanisme democràtic implica necessàriament l’imperi total de la “llei civil” (de la “civilització”) sobre la vida social i sobre l’estat. Implica, per tant, d’una banda, la desaparició de la “llei de família” -el que havia estat el despotisme patrimonial (dels patrons) i patriarcal (dels caps de família)-, el que significava el final de l’esclavitud en totes les seves formes i graus, incloent-hi el clientelisme i el treball assalariat. I, d’altra banda, la desaparició de la “llei política”, és a dir, de l’estat monàrquic burocràtic que no rendia comptes i no podia ser controlat pel poble. És a dir, l’autoritat política ja no pot ser arbitrària sinó que pot ser destituïda a voluntat (és fideïcomissària) sempre que el poble (el fideïcomitent) manifesti que hi ha perdut la confiança. Aquesta visió republicana de la relació entre el poble i l’autoritat política (o entre les bases i els dirigents) ha estat una part integral de la teoria i la pràctica del moviment obrer socialista històric.
El fet que la llibertat republicana es convertís en universal implicava necessàriament una remodelació completa de les institucions de la propietat. La comunitat política és la propietària última de tot i, per tant, la “propietat privada” (apropiació dels recursos i mitjans de producció) és una concessió pública (política) condicional, en règim de fideïcomís, i depenent de la voluntat del poble sobirà (el fideïcomissari). Aquest concepte de propietat republicana, fiduciària, és el que varen establir i transmetre les quatre grans revolucions republicanes contemporànies -la dels EUA (1776), la francesa (1789), la mexicana (1910), i la russa (1917)-, i aquest és el sentit que té a totes les constitucions dels països mínimament civilitzats: la propietat privada ha de ser servidora d’una finalitat social. Així doncs, la idea liberal decimonònica d’una propietat privada “exclusiva i excloent”, asocial i apolítica, és més una fantasia ideològica i una arma de combat polític a favor d’interessos particulars que una realitat jurídica i històrica.

La tradició republicana democràtica inventa la idea de nació i de sobirania popular fideïcomitent (el poble sobirà és el que decideix en última instància), però això no té res a veure amb el “nacionalisme”, que és molt més recent i no té cap relació ni amb el republicanisme ni amb la Il·lustració. Contràriament, el republicanisme democràtic volia una federació republicana fraternal dels pobles sobirans que componen la humanitat. I en aquesta concepció, no hi ha cap contradicció entre l’ordre just internacional respectuós dels drets humans i l’afirmació de la sobirania nacional dels diferents pobles. Una sobirania que passa pel compliment de totes les obligacions fideïcomissàries (qualsevol actuació o decisió està subjecte al rendiment de comptes al poble sobirà) i, per tant, pel respecte de l’acció i la dignitat de les persones subjectes al poder estatal i al seu monopoli de la violència.

De fet, el socialisme fou la resposta del republicanisme democràtic tradicional al desenvolupament de les forces històriques dinàmiques que varen donar lloc a l’economia capitalista industrial, el que Robespierre anomenava l'”economia política tirànica”.

 

dilluns, 9 de març del 2020

Amnistia


Ara ja fa uns dies a El Punt Avui em varen publicar aquest article:

Tribuna

Amnistia

L’amnistia és una necessitat per raons humanitàries, de justícia i per a la possible resolució del conflicte entre Catalunya i España. Per això he signat el manifest Amnistia ara! Però també crec que no serà suficient per aconseguir-ho. Bàsicament perquè si es produís l’amnistia –que no serà fàcil ni ràpida– i no es fes res més, hi hauria moltes possibilitats que, al cap de poc temps, hi tornés a haver gent perseguida, imputada, exiliada i condemnada per uns “suposats delictes” semblants als actuals. Si, al mateix temps, no hi ha els canvis legislatius necessaris, i una depuració a fons, una democratització real de les elits dels aparells de l’Estat espanyol, molt especialment els judicials, els repressius en sentit estricte, i els alts funcionaris, després de molt poc aquestes elits tornarien a actuar per acusar els mateixos independentistes o d’altres de “suposats delictes” semblants.

Estic parlant de fer la ruptura democràtica que no es va fer en el moment de la Transició, de posar fi al règim del 78, al postfranquisme. I això suposaria posar en qüestió, realment, moltes coses: des de la “sagrada” Constitució a la forma bàsica de l’Estat i, també, la manera com entenen, els que formen part del règim del 78, la relació entre les diferents nacions/països de l’Estat espanyol (dret d’autodeterminació). En definitiva, fer front a les elits (polítiques, socials, econòmiques...) que són el nucli dur d’aquest règim, i promoure els drets socials i econòmics de la majoria. Però els partits polítics que en formen part (del règim del 78) des de sempre (PP, PSOE, antiga CiU –el PNB és un cas a part en tenir el concert econòmic–), o més recentment (Cs, Vox), i fins i tot –no queda clar fins a quin punt– els que sembla que s’hi volen incorporar (UP), no tenen gens d’interès en aquesta ruptura. I tampoc els sindicats majoritaris (CCOO, UGT) o les organitzacions empresarials, tots ells directament o indirectament abundosament subvencionats per l’Estat. I de cap manera les elits dels aparells de l’Estat de què parlàvem abans. Per tant, sembla que l’Estat espanyol del règim del 78, i tots els seus aparells d’estat, pretenen mantenir l’statu quo pràcticament intocable. Tampoc pareix que hi hagi cap espai per a una verdadera reforma.

I, de moment, vist des de Catalunya, no sembla que sigui possible aconseguir la república catalana immediatament, ni de manera fàcil i ràpida. Per tant, a banda de continuar lluitant internacionalment, crec que caldria un treball braç a braç de totes les organitzacions i moviments socials rupturistes, radicalment democràtics (sindicats, moviments cooperativistes i de l’economia social i solidària, grups polítics, moviments socials amb objectius molt variats –habitatge, feminisme, ecologisme...–). Tots aquells per als quals el més important és la vida de les persones, especialment les més necessitades, i la sobirania popular. I buscant teixir aliances amb els grups i moviments que tenen els mateixos objectius a la resta dels Països Catalans. I també a la resta de països i nacions de la península Ibèrica, i de la resta d’Europa i del món. Molta feina a fer.

divendres, 21 de febrer del 2020

L'esquerra i la Unió Europea


Fa unes setmanes, a La Directa em varen publicar aquest article:

L'esquerra i la Unió Europea

S’acaba de publicar en català el darrer llibre de Costas Lapavitsas, L’esquerra contra la Unió Europea. És una important contribució al debat des de l’esquerra, des del punt de vista anticapitalista, sobre la Unió Europea (UE), l’euro i la Unió Econòmica i Monetària (UEM). I crec que, des d’aquesta perspectiva, és d’una gran utilitat.

Del llibre se’n poden destacar moltes coses però jo em centraré en dues. Primera: tot i que la inestabilitat de la UE en la dècada del 2010 té unes arrels econòmiques –la importància creixent del neoliberalisme–, té també, i cada vegada més, un caràcter polític. A partir de la crisi es fa palès el declivi de la democràcia, l’augment de l’autoritarisme i la pèrdua de pes de la sobirania popular com a reflex de la preeminència creixent del capital en contra del treball, pròpia de la fase neoliberal del capitalisme.

Des de la crisi de la zona euro (ZE) s’ha agreujat el dèficit democràtic de la UE. L’absència de la política, entesa com a lluita política entre les classes socials, és un component essencial d’aquest dèficit democràtic. Amb la crisi, les institucions supranacionals de la UE –sense cap control democràtic de la ciutadania (Consell Europeu, Comissió Europea, Banc Central Europeu, entre d’altres) o amb un control i unes característiques democràtiques molt sui generis (Parlament Europeu)– han anat guanyant poder per a imposar les reformes neoliberals i supervisar els estats membres per sobre les polítiques econòmiques i socials de la UE. La pèrdua de sobirania nacional i popular va creixent, així com el declivi de la democràcia, la pèrdua de drets i l’empitjorament de les condicions dels treballadors enfront del capital.
Segona: en aquesta situació, quina ha de ser la política de l’esquerra davant de la crisi de la UE i de l’euro? El fracàs del programa radical de transformació econòmica i social del primer govern Mitterrand, a principis de la dècada de 1980, i el posterior col·lapse de l’URSS i els seus països satèl·lits varen portar a l’esquerra tradicional socialdemòcrata a creure que el progrés social només era possible en el marc de la UE. D’altra banda, l’evolució de la UE no ha portat –com es creia– a una convergència entre els països que en formen part sinó, contràriament, a una creixent divergència entre uns països amb unes estructures econòmiques i socials molt diferents. I Alemanya s’ha anat convertint en el país hegemònic –sobretot econòmicament– de la UE, amb una institucionalització de l’austeritat i del neoliberalisme.

Aquesta esquerra tradicional es resisteix a reconèixer que la crisi de la ZE i les polítiques d’austeritat que s’han imposat són una conseqüència de l’estructura pròpia de la UE, de l’euro i de la UEM. Per tant, continuen insistint, ingènuament, a dir que el que caldria és lluitar contra el neoliberalisme, impulsar la unitat transnacional i més integració, “més Europa” i més federalisme. En conclusió, si la UE i la UEM es desfessin del neoliberalisme podrien promoure la solidaritat nacional i obrera a Europa i, per tant, aquestes institucions s’han de defensar en nom de l’internacionalisme, tot criticant les actuals polítiques neoliberals. Però, com deia recentment Lapavitsas, “totes les reformes que s’han produït [a la UE] han donat més força a l’statu quo, perquè no poden fer-se en benefici dels treballadors. Això és una cosa que l’esquerra (tradicional) no vol aprendre”.

Per Lapavitsas, la UE i la UEM s’han convertit progressivament en unes estructures i institucions organitzades en interès del capital i en contra del treball, en un engranatge que serveix els beneficis econòmics de les elits i de les grans empreses multinacionals, especialment dels capitalistes exportadors industrials alemanys. Com ens diu en el llibre, la UE és “una aliança jeràrquica d’estats nacionals que ha creat el marc institucional d’un mercat únic que promou el neoliberalisme de manera implacable”. En canvi, per a les classes populars la sobirania nacional té una dimensió popular que s’oposa a la tecnocràcia econòmica, representa el dret a ser consultat i a acceptar o refusar les polítiques governamentals. Coses que l’actual estructura de la UE i la UEM impedeixen.
Per tant, una veritable política d’esquerres hauria de basar-se a donar més poder al treball enfront del capital, recuperant la sobirania nacional i popular i avançant en una perspectiva socialista a tota Europa. Això suposa defensar els drets de la majoria (les classes populars) i rebutjar els mecanismes i les estructures de la UE i la UEM, considerant fins i tot la possibilitat de sortir-ne. “L’internacionalisme i les polítiques realistes comencen a casa, als estats nacionals”, ha dit diverses vegades Lapavitsas. No creu que sigui un procés fàcil, però sí l’única manera de poder implementar polítiques anticapitalistes a Europa.

Com diu Lapavitsas en un article molt recent (Monthly Review -MR-, Oct 1st 2019): “La ruptura amb la UE posaria en primer pla la qüestió de la democràcia i també de la sobirania popular, que hi està estretament relacionada. … I en el capitalisme contemporani el terreny on es juga inicialment la sobirania popular i la democràcia és l’estat-nació. … La política democràtica per les classes treballadores i populars a Europa és sempre, i sense excepció, nacional. … L’espai transnacional de la UE és el terreny natural on les grans empreses tenen èxit, on la democràcia és anul·lada, i on els estats hegemònics limiten la sobirania nacional dels altres”.

Per començar a caminar en aquesta via, considera que caldrien programes nacionals que s’enfrontessin directament al poder del capital. A curt termini, acabant amb l’austeritat i establint polítiques de redistribució de la renda i la riquesa que afavorissin el treball en contra del capital. A mitjà i llarg termini les coses serien més complexes: política industrial, nacionalització de sectors estratègics (particularment de la gran banca d’inversió), control i regulació de la resta de la banca privada, millora de la productivitat amb la renovació radical de les infraestructures amb recursos i control públics i el foment de la recerca i la innovació, lluita contra la crisi climàtica i protecció dels ecosistemes serien elements bàsics i fonamentals d’aquesta estratègia.

Sens dubte, una política com aquesta hauria de fer front a l’oposició i l’hostilitat tant de les elits i els mecanismes nacionals de poder com de la maquinària neoliberal de Brussel·les, i la necessitat d’una sortida de la UEM i la UE es faria inevitable. És l’única manera de recuperar la sobirania nacional i popular. Com diu Lapavitsas en l’esmentat article de la MR: “El que es requereix per a adoptar aquestes polítiques és el control popular dels mecanismes nacionals de poder, o sigui, la sobirania popular genuïna. … I aquesta és la base de l’internacionalisme verdader. … Des de la perspectiva de les classes treballadores i populars, els controls (de béns, serveis, capitals i persones) són un aspecte integral per a alliberar la societat del control del capital”.

dimecres, 29 de gener del 2020

TMM i restricció externa


Fa uns dies a El PuntAvui em varen publicar aquest article:

Tribuna

TMM i restricció externa

Un estat sobirà, que emet la seva moneda, funciona de forma diferent a una família o empresa. Les famílies o empreses només són usuàries de la moneda, en canvi l’estat pot emetre moneda sense restriccions. Per tant, pot tenir dèficits públics sense preocupar-se i pot endeutar-se sense límits. No tindrà mai el perill de fer fallida. Aquest és, de forma esquemàtica, un dels principis fonamentals de la Teoria Monetària Moderna (TMM). Una teoria que avui està de moda, sobretot després que Bernie Sanders i Alexandra Ocasio-Cortez l’usen per defensar algunes propostes polítiques.

Hi ha estats sobirans, que tenen i emeten la seva moneda, que poden tenir dèficits públics i endeutar-se sense límits. Els EUA, els països anglosaxons, el Japó, Suïssa, en serien exemples. Tenen en comú que disposen d’una economia real o financera molt potent i una moneda forta. Sembla clar, també, que la zona euro podria fer el mateix si el Banc Central Europeu actués igual que la Reserva Federal americana, si hi hagués un Tresor europeu i un pressupost molt més important de la Unió Europea (UE). En definitiva, si la UE fos realment una unió monetària, econòmica i política. El mateix es podria dir d’Alemanya, o els països europeus centrals, si no existís l’euro i cadascun tingués la seva moneda sobirana.

En canvi, és molt dubtós que països com l’Argentina o el Brasil, per exemple, tot i disposar d’importants recursos naturals, puguin fer el mateix. Com també sembla clar que, si no existís l’euro i cada país tingués la seva moneda sobirana, Itàlia, Espanya, Portugal o Grècia, per exemple, tampoc podrien fer el mateix. Si aquests països, tenint una moneda pròpia i sobirana, intentessin tenir dèficits públics continuats, cada vegada els costaria més endeutar-se (pujarien els tipus d’interès i les primes de risc), i si volguessin finançar el deute emetent cada vegada més moneda provocarien tensions inflacionistes i la seva moneda es depreciaria. O sigui, aquests països tenen/tindrien una restricció externa que limitaria les seves possibilitats d’actuació.

Hi ha alguna possibilitat d’evitar, o atenuar, aquesta restricció externa? No seria una cosa fàcil perquè, en una economia mundial globalitzada, hi hauria reaccions dels altres països. En tot cas, tot i ser imprescindible, no n’hi hauria prou amb tenir una moneda pròpia sobirana. Caldrien també una altra sèrie de mesures simultànies, des del control de capitals a una política industrial que promogués la substitució d’importacions, el control d’importacions, la nacionalització dels sectors estratègics (energètics, de transport i comunicacions) particularment de la gran banca, més recursos en infraestructures i R+D per millorar la productivitat, lluita contra la crisi climàtica, entre altres. Una verdadera revolució per enfrontar-se amb les elits (econòmiques, socials i polítiques) nacionals i internacionals, cosa que només seria possible (que no fàcil) amb el suport d’una gran mobilització organitzada de les forces socials i les classes populars. I millor si fos una estratègia coordinada de més d’un país.

dimecres, 15 de gener del 2020

Fiscalitat progressiva i neoautonomisme?


Ara fa una setmana La Directa em va publicar aquest article:

Fiscalitat progressiva i neoautonomisme?

Antoni Soy 
Després de l’acord entre el Departament d’Economia i Finances (DEF) de la Generalitat i els Comuns sobre els canvis a introduir en la fiscalitat de cara als propers pressupostos autonòmics, s’ha produït un encès debat sobre la seva conveniència o adequació, que ha derivat en una discussió sobre si això afectava bàsicament a la classe mitjana catalana. Al mateix temps, Julià de Jòdar apuntava, en una de les seves magnífiques i punyents darreres columnes, si, en el fons, aquest acord i aquesta discussió no era més que una excusa per a “Allò que ens esperava, i que ja hi és, potser …”, tot referint-se al tempo polític per a l’intent de “coagulació d’un nou personal polític” per a un nou període neoautonomista.

La definició de qui forma part de la classe mitjana no és una cosa fàcil, com han reconegut els estudiosos o els grans organismes internacionals. Tanmateix, algunes aproximacions fetes en el cas espanyol consideren que la classe mitjana catalana guanyaria entre 13.000 i 35.000 euros anuals (molt lluny, doncs, dels 90.000 que es veuran afectats pels canvis impositius previstos). D’altra banda, això significa una mitjana de 21.000 euros anuals i correspondria a un 61% de la població. Al mateix temps, s’estima que un 30% correspondria al que s’anomenarien classes baixes i un 10%, aproximadament, a les classes altes. Tenint en compte que només un 1,5% dels declarants de l’IRPF (dels que més guanyen) es veurien afectats, i que un 6% dels que menys guanyen es beneficiaran de l’augment del mínim exempt, en cap cas es pot dir que aquests canvis afectin les classes mitjanes, ni tan sols les mitjanes-altes. Coses semblants es poden dir pel que fa a l’impost de successions. I en el cas del de transmissions patrimonials, els canvis afectarien bàsicament empreses i suposarien una reducció per a les famílies monoparentals amb ingressos baixos.
Des del meu punt de vista, doncs, benvinguts siguin aquests canvis/avenços en la fiscalitat en una perspectiva progressiva. Uns canvis que, per cert, el DEF es va tancar en banda a abordar quan qui els proposava, quan es discutien anteriors pressupostos, era la CUP. Tanmateix, són uns canvis/avenços que es queden molt i molt curts perquè afecten molt poc les elits, els realment més rics, així com les grans empreses, particularment les multinacionals. En molts casos, cal reconèixer-ho, perquè des d’una perspectiva autonomista és impossible (per això també ens fa falta la independència) i en alguns casos perquè no hi ha la voluntat política ferma d’enfrontar-se a les elits i a les grans empreses.

Com han demostrat diferents estudis, estatals i internacionals, les grans empreses i els grans bancs, especialment multinacionals, tenen els recursos, els instruments i els mitjans per a deixar de pagar impostos a través de diferents paradisos fiscals. Pel que fa a les elits, és a dir, els que més patrimoni tenen i/o més renda guanyen, tenen també els recursos i mitjans per a evadir o eludir els seus impostos (grans despatxos d’advocats fiscalistes, SICAV i instruments semblants, etcètera). I en el cas dels grans patrimonis i les grans rendes catalanes han trobat la panacea anant-se’n a empadronar al “paradís fiscal” de la Comunidad de Madrid on tenen una pressió fiscal molt baixa (especialment sobre el patrimoni, la renda, les successions, les donacions i transmissions patrimonials), gràcies al fet que, com a “capital”, l’Estat espanyol hi aboca diners a compte dels pressupostos generals de l’Estat. Això si, almenys una part d’aquestes elits nostrades conserven la seva casa (i altres béns patrimonials immobiliaris o mobiliaris de luxe) a Catalunya, on vénen a passar el cap de setmana i probablement aprofiten per anar al seu restaurant favorit i a veure el Barça al Camp Nou.

També és significatiu que en l’acord DEF-Comuns en cap moment es plantegi, sigui a través de l’impost de patrimoni o d’altres figures impositives, explorar un augment de la fiscalitat sobre la riquesa (el patrimoni) dels que més tenen (dels més rics), explorar quina desigualtat tendeix a ser força més gran que les desigualtats en la renda, com demostren els estudis, internacionals o estatals, existents. És cert que, com ja s’ha dit, els paradisos fiscals i altres recursos de què disposen les elits i les grans empreses ho dificulten. Tanmateix, potser caldria més imaginació i més voluntat política. Recordo haver llegit, per exemple, aquestes darreres setmanes, que es proposava que una forma de gravar la riquesa/patrimoni dels que han traslladat la seva residència per pagar menys impostos, però que mantenen les seves propietats immobiliàries i mobiliàries de luxe aquí, seria amb un impost semblant a l’IBI municipal, que afectés sobretot els que han canviat la seva residència principal de forma “falsa”. I segur que es podrien trobar altres modalitats impositives.
D’altra banda, i seguint el fil que apuntava Julià de Jòdar, aquest acord sobre fiscalitat (i tot el debat que s’ha desencadenat) pot haver servit de pretext (i també de distracció) per intentar avançar en la constitució d’un nou pacte neoautonomista entre el que ell en diu “la ‘dreta egoista’ i la petita burgesia popular-populista, juntament amb els socis locals d’estat -PSC (PSOE) i comuns (Unidas Podemos)-“. De fet, immediatament després de presentar aquest acord, ERC anunciava el seu suport als pressupostos de l’Ajuntament de Barcelona. I m’hi jugo un pèsol que no hi haurà cap problema per a un ampli consens en l’aprovació dels pressupostos de l’Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB) i de la Diputació de Barcelona, entre d’altres.

Finalment, més enllà dels escarafalls per raons partidistes i electoralistes (en clau autonòmica catalana en aquest cas), ERC s’ha abstingut per facilitar la investidura de Pedro Sánchez com a president del Govern espanyol. Després del 155, de la repressió ferotge i massiva desencadenada (amb la col·laboració de la policia de la Generalitat), de la sentència del Suprem i tantes altres coses, Sánchez ha acabat essent investit amb l’abstenció del neoautonomisme català (o d’una part). L’Estat espanyol ha fet, amb èxit, un nou intent per a tancar una “reforma 2.0” del règim del 78, és a dir del postfranquisme, i de tot el que significa i ha significat en aquests darrers quaranta anys. Que se’n surti(n) o no dependrà una vegada més de la gent, sobretot a Catalunya però també a la resta de l’Estat, de la reacció i la resistència de la gent que vol una república catalana i que no vol una continuació del règim del 78 (de la monarquia postfranquista), encara que es vulguin presentar, aparentment, com una cosa nova i diferent. Potser m’equivoco però em sembla que després del que ha passat en aquests darrers 10 o 15 anys ni l’Estat espanyol ni el neoautonomisme no ho tenen pas del tot fàcil per convèncer tota la gent que ha pres consciència que amb el règim del 78, encara que sigui maquillat, no tenim cap possibilitat d’esdevenir un país més radicalment democràtic, més lliure, més igualitari i més solidari.

Mecanisme Europeu d'Estabilitat


Ja fa unes setmanes El PuntAvui em va publicar aquest article:

Tribuna

Mecanisme Europeu d’Estabilitat

La Unió Europea (UE) vol la reforma del Mecanisme Europeu d’Estabilitat (ESM en sigles angleses). Per la seva importància per als països perifèrics ha produït molt debat –a Itàlia, per exemple–. Mentrestant, a Espanya semblava que era acceptada sense problemes, com passa amb tot el que proposa la UE. De moment, sembla que les pressions italianes han tingut efecte i la reforma s’ha paralitzat.

L’ESM, anomenat també fons salvaestats, va ser creat el 2012 (com a tractat internacional entre 19 governs de la zona euro, al marge dels tractats europeus, subscrivint les accions d’una societat comercial privada existent) per a finançar el deute públic d’un estat quan aquest no es pogués finançar en els mercats financers perquè els tipus d’interès són massa elevats. L’ESM intervenia conjuntament amb el Banc Central Europeu (BCE), que també comprava deute públic de l’estat amb problemes (com va fer el juliol del 2012 amb Espanya i Itàlia per evitar problemes a l’euro). Però la intervenció del BCE està subordinada a la de l’ESM, que només ho feia si hi havia un compromís formal de l’estat afectat per aplicar polítiques d’ajust fiscal, polítiques d’austeritat.

Amb la proposta de reforma de l’ESM es distingeix més clarament entre països amb finances sanejades (els centrals), que rebrien els ajuts de forma pràcticament automàtica, i països amb finances no sanejades (els perifèrics) per als quals les condicions serien més dures. Els tècnics de l’ESM establirien les mesures de sanejament a aplicar per aquests països si volien rebre els ajuts, entre les quals s’apunta la possible reestructuració del deute. Per tenir unes finances sanejades caldria un deute públic per sota del 60% del PIB (ara a Espanya és quasi del 100%), una reducció anual del deute del 5%, un dèficit públic anual inferior al 3% del PIB i un saldo estructural positiu. El simple anunci d’una reforma d’aquest tipus ja pot tenir efectes negatius sobre els tipus d’interès del deute públic dels països amb finances no sanejades, tal com ja va passar a partir del 2010 fins al 2012. I segons quina proposta es faci sobre la reestructuració del deute d’aquests països també podria tenir efectes no desitjables sobre els tipus d’interès del deute, sobre els estalvis i el sistema financer.

Però els objectius de fons d’aquesta reforma, que volen bàsicament Alemanya i els països centrals, són, primer, obligar els països perifèrics a fer polítiques encara més dures de sanejament fiscal, d’austeritat. Segon, atribuir més clarament a l’ESM –un organisme tècnic i sense cap control polític ni dels ciutadans ni del Parlament Europeu– els poders per a jutjar la idoneïtat de la situació financera i fiscal dels països amb finances no sanejades, així com proposar les mesures i actuacions concretes d’ajust i reforma necessàries si volen rebre els ajuts. L’ESM jugaria respecte als països perifèrics un paper semblant al del Fons Monetari Internacional (FMI) amb els països menys desenvolupats. En definitiva, proposen més austeritat i menys control democràtic.