dilluns, 7 d’octubre del 2019
Republicanismo socialista fraternal
A la revista Sin Permiso varen traduir a l'espanyol la meva darrera columna a La Directa:
Este verano he hecho una inmersión en los trabajos de Antoni Domènech, leyendo y releyendo El eclipse de la fraternidad (Akal, 2019) y también algunos de sus escritos y entrevistas publicados en un monográfico digital por sus compañeros de la revista Sin Permiso. Y realmente, valemucho la pena y creo que nos da muchas ideas para un programa y una lucha anticapitalista hoy. Aquí me centraré en uno de los muchos temas, seguramente lo más importante, que trató en su libro y también en otros artículos e intervenciones: la fraternidad como concepto central de la democracia republicana (desde los precedentes de la antigüedad griega y romana a, sobre todo, las revoluciones francesa y americana) y también del socialismo (tal como lo entendían Marx y Engels y algunos de sus seguidores, o algunos que se situaban en la tradición anarquista).
En contraposición a la teoría y la práctica de las monarquías (imperios, principados) absolutistas -y con los precedentes de lo que hicieron Efialtes y Pericles en Grecia-, las revoluciones francesa y americana, en grados y formas diferentes, y siguiendo Locke y Rousseau entre otros, consideran que el poder / la soberanía reside en el pueblo y que sus representantes políticos sólo son sus agentes que, siempre, deben estar disponibles y dar cuentas al pueblo, y que pueden ser revocados en cualquier momento por la voluntad del pueblo soberano. Es decir, el poder no puede ejercerse nunca arbitrariamente, sino que siempre está a las órdenes del pueblo, o sea el conjunto de los ciudadanos, que son los individuos libres e iguales, los que tienen la misma capacidad para realizar actos y negocios jurídicos, en definitiva que no dependen de nadie más para poder vivir.
La democracia republicana de la época moderna, post absolutista, intentó universalizar, con diferentes matices, la libertad republicana (respecto a lo que había sido en la antigüedad), ampliar el número de los ciudadanos libres e iguales, abolir la separación entre el pueblo y sus representantes que el estado burocrático moderno había heredado de las monarquías absolutistas. Se trataba de que nadie tuviera que pedir permiso a nadie para poder subsistir: en eso consistía la libertad republicana.
Robespierre y el ala popular de los jacobinos fueron un poco más lejos con su propuesta de la fraternidad (además de la libertad y la igualdad): querían liberar las clases populares subalternas (asalariados, esclavos de las colonias, también las mujeres) de la dominación / despotismo privado, patriarcal y patrimonial, a la que estaban sometidos tanto en la familia como en las empresas o en las relaciones entre propietarios y trabajadores. En el caso de la democracia fraternal republicana, que era más radical, se trataba, pues, de que los pobres que no eran libres (los esclavos) y los esclavos a tiempo parcial (los asalariados) se liberaran del despotismo privado patriarcal y / o patrimonial y pudieran acceder, con igualdad de derechos, a la vida civil como los que eran plenamente libres e iguales.
Una vez fracasada la II República francesa (1848) -llamada la república fraternal-, el movimiento obrero socialista de la I Internacional (la Asociación Internacional de Trabajadores) consideró que, en la era de la industrialización, se trataba ya de crear una sociedad civil republicana basada en un sistema de asociación de productores libres e iguales, de implementar un sistema de apropiación colectiva -en común, libre y igualitaria- de las bases materiales (los medios de producción) de existencia de los individuos, de todos los que vivían de su trabajo personal, hecho con sus propias manos. Marx, Engels, y también Bakunin, nos recuerda Domènech, conectaron este ideal socialista con la tradición revolucionaria del viejo ideal republicano democrático fraternal de Robespierre. Ya no bastaba al intentar hacer universal la libertad republicana a través de hacer universal la propiedad privada individual, había que ir más allá. La fraternidad es el hilo rojo que va desde la república democrática fraternal hasta el socialismo.
En la segunda mitad del siglo XIX, los socialistas tenían muy en cuenta que, por un lado, el importante desarrollo del modo de producción capitalista, al tiempo que la revolución industrial, era acumulativo y, también, expropiador ya que tendía a despojar a millones de personas de sus bases tradicionales de existencia social, las convertía en proletariado. Por otra parte, el estado moderno había sido la culminación del proceso secular de expropiación y monopolización pública de los medios privados de ejercicio de la violencia, física e ideológica. Finalmente, el desarrollo capitalista significaba un proceso acelerado de expropiación de los medios privados individuales para producir y, por tanto, suponía una creciente concentración y centralización de la propiedad de estos medios de producción: para los socialistas, esta tendencia histórica favorecería un nuevo modo de producción socialista, basado en la asociación republicana de productores libres e iguales que se apropiarían colectivamente de los medios de existencia social.
La I Internacional, heredera directa de la democracia fraternal republicana, propuso no esperar pasivamente la hipotética proletarización de las viejas capas populares, sino convertir la nueva clase obrera asalariada, surgida de la industrialización capitalista, en el núcleo activo -motor y organizador- del conjunto de las clases populares, que estaban afectadas negativamente por los procesos de expropiación y de desposesión del capitalismo, que les permitiera avanzar hacia el socialismo, hacia la democracia fraternal republicana radical.
Comparto la visión de Doménech que hoy (155 años después de la I Internacional) si algún socialismo anticapitalista sigue teniendo sentido y futuro, será el que sea capaz de actualizar el programa de la democracia fraternal republicana (y revolucionaria). Es decir, articular e implementar las luchas contra: primero, el despotismo de un estado cada vez más incontrolable por la ciudadanía; segundo, el despotismo de unos patrones (las empresas capitalistas modernas) incontrolables por los trabajadores, por los consumidores y por el conjunto de la ciudadanía; tercero, el despotismo doméstico / patriarcal (es decir, la potestad arbitraria del cabeza de familia -normalmente el hombre- sobre las mujeres y los niños); cuarto, la aparición de una economía tiránica (de los mercados oligopólicos multinacionales), basada en grandes poderes privados, que están por encima del orden civil del colectivo de los hombres libres e iguales, y que, por tanto, son capaces de desafiar a las repúblicas democráticas fraternales a la hora de determinar el interés público.
Republicanisme socialista fraternal
Ara fa unes setmanes a La Directa em publicaven la primera columna del nou curs:
Republicanisme socialista fraternal
Setembre 18, 2019
Aquest estiu he fet una immersió en els treballs d’Antoni Domènech, llegint i rellegint El eclipse de la fraternidad i també alguns dels seus escrits i entrevistes publicats en un monogràfic digital pels seus companys de la revista Sin Permiso. I realment, paga molt la pena i crec que ens dóna moltes idees per a un programa i una lluita anticapitalista avui. Aquí em centraré en un dels molts temes, segurament el més important, que va tractar en el seu llibre i també en altres articles i intervencions: la fraternitat com a concepte central de la democràcia republicana (des dels precedents de l’antiguitat grega i romana a, sobretot, les revolucions francesa i americana) i també del socialisme (tal com l’entenien Marx i Engels i alguns dels seus seguidors, o alguns que se situaven en la tradició anarquista).
En contraposició a la teoria i la pràctica de les monarquies (imperis, principats) absolutistes -i amb els precedents del que varen fer Efialtes i Pericles a Grècia-, les revolucions francesa i americana, en graus i maneres diferents, i seguint Locke i Rousseau entre altres, consideren que el poder/la sobirania resideix en el poble i que els seus representants polítics només són els seus agents que, sempre, han d’estar disponibles i donar comptes al poble, i que poden ser revocats en qualsevol moment per la voluntat del poble sobirà. És a dir, el poder no es pot exercir mai arbitràriament, sinó que sempre està a les ordres del poble, o sigui el conjunt dels ciutadans, que són els individus lliures i iguals, els que tenen la mateixa capacitat per realitzar actes i negocis jurídics, en definitiva que no depenen de ningú més per poder viure.
La democràcia republicana de l’època moderna, post absolutista, va intentar universalitzar, amb diferents matisos, la llibertat republicana (respecte al que havia estat a l’antiguitat), ampliar el nombre dels ciutadans lliures i iguals, abolir la separació entre el poble i els seus representants que l’estat burocràtic modern havia heretat de les monarquies absolutistes. Es tractava que ningú hagués de demanar permís a ningú altre per poder subsistir: en això consistia la llibertat republicana.
Robespierre i l’ala popular dels jacobins varen anar una mica més lluny amb la seva proposta de la fraternitat (a més de la llibertat i la igualtat): volien alliberar les classes populars subalternes (assalariats, esclaus de les colònies, també les dones) de la dominació/despotisme privat, patriarcal i patrimonial, a la que estaven sotmesos tant a la família com a les empreses o en les relacions entre propietaris i treballadors. En el cas de la democràcia fraternal republicana, que era més radical, es tractava, doncs, que els pobres que no eren lliures (els esclaus) i els esclaus a temps parcial (els assalariats) s’alliberessin del despotisme privat patriarcal i/o patrimonial i poguessin accedir, amb igualtat de drets, a la vida civil com els que eren plenament lliures i iguals.
Un cop fracassada la II República francesa (1848) -anomenada la república fraternal-, el moviment obrer socialista de la I Internacional (l’Associació Internacional de Treballadors) va considerar que, a l’era de la industrialització, es tractava ja de crear una societat civil republicana basada en un sistema d’associació de productors lliures i iguals, d’implementar un sistema d’apropiació col·lectiva -en comú, lliure i igualitària- de les bases materials (els mitjans de producció) d’existència dels individus, de tots els que vivien del seu treball personal, fet amb les seves pròpies mans. Marx, Engels, i també Bakunin, ens recorda Domènech, varen connectar aquest ideal socialista amb la tradició revolucionària del vell ideal republicà democràtic fraternal de Robespierre. Ja no n’hi havia prou en intentar fer universal la llibertat republicana a través de fer universal la propietat privada individual, calia anar més enllà. La fraternitat és el fil roig que va des de la república democràtica fraternal fins al socialisme.
A la segona meitat del segle XIX, els socialistes tenien molt en compte que, d’una banda, l’important desenvolupament del mode de producció capitalista, al mateix temps que la revolució industrial, era acumulatiu i, també, expropiador ja que tendia a desposseir milions de persones de les seves bases tradicionals d’existència social, les convertia en proletariat. D’altra banda, l’estat modern havia estat la culminació del procés secular d’expropiació i monopolització pública dels mitjans privats d’exercici de la violència, física i ideològica. Finalment, el desenvolupament capitalista significava un procés accelerat d’expropiació dels mitjans privats individuals per produir i, per tant, suposava una creixent concentració i centralització de la propietat d’aquests mitjans de producció: pels socialistes, aquesta tendència històrica afavoriria un nou mode de producció socialista, basat en l’associació republicana de productors lliures i iguals que s’apropiarien col·lectivament dels mitjans d’existència social.
La I Internacional, hereva directa de la democràcia fraternal republicana, va proposar no esperar passivament la hipotètica proletarització de les velles capes populars, sinó convertir la nova classe obrera assalariada, sorgida de la industrialització capitalista, en el nucli actiu -motor i organitzador- del conjunt de les classes populars, que estaven afectades negativament pels processos d’expropiació i de despossessió del capitalisme, que els hi permetés avançar cap al socialisme, cap a la democràcia fraternal republicana radical.
Comparteixo la visió de Doménech que avui (155 anys després de la I Internacional) si algun socialisme anticapitalista continua tenint sentit i futur, serà el que sigui capaç d’actualitzar el programa de la democràcia fraternal republicana (i revolucionària). És a dir, articular i implementar les lluites contra: primer, el despotisme d’un estat cada cop més incontrolable per la ciutadania; segon, el despotisme d’uns patrons (les empreses capitalistes modernes) incontrolables pels treballadors, pels consumidors i pel conjunt de la ciutadania; tercer, el despotisme domèstic/patriarcal (és a dir, la potestat arbitrària del cap de família -normalment l’home- sobre les dones i els nens); quart, l’aparició d’una economia tirànica (dels mercats oligopolistes multinacionals), basada en grans poders privats, que estan per sobre de l’ordre civil del col·lectiu dels homes lliures i iguals, i que, per tant, són capaços de desafiar a les repúbliques democràtiques fraternals a l’hora de determinar l’interès públic.
Pressupost
Avui fa un mes just a El Punt Avui em publicaven aquest article:
Tribuna
Pressupost
El vicepresident i conseller d’Economia i
Finances i els diferents partits comencen a parlar del pressupost de la
Generalitat del 2020. Després de dues pròrrogues del pressupost del
2017: la del 2018, en el marc de l’aplicació nua i crua de l’article 155
de la CE; la del 2019, en un marc d’article 155 “tou” i amb la
incapacitat del “govern efectiu” d’arribar a acords per aprovar un nou
pressupost.
Es poden recordar els aspectes que dificulten el finançament de la Generalitat i les possibilitats d’elaborar un pressupost, exclusivament “autonòmic”, el més adequat possible: dèficit fiscal continuat i històric; incompliments continuats de les inversions estatals, perquè són molt inferiors a les que pertocarien i pel no compliment de les pressupostades; no compliment del sistema de finançament autonòmic previst a l’Estatut, també el “retallat”, i no revisió del sistema de finançament autonòmic; intervenció financera de la Generalitat, que comença el 2012 amb la ley orgánica de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financera, concretant l’article 135 de la CE després de la seva reforma (2011), i amb l’endegament del FLA (fons de liquiditat autonòmica) com a forma principal de finançament de les comunitats autònomes; intervenció que s’agreuja amb l’aplicació de l’article 155 de la CE i que continua amb l’aplicació d’un 155 no oficial, “tou”; finalment, els recursos dels governs espanyols i les sentències desfavorables del TC respecte a una sèrie d’impostos o taxes propis de la Generalitat per obtenir més recursos financers.
Ara bé, aquestes dificultats no poden ser excusa perquè el “govern efectiu” no presenti el pressupost (que serà més o menys “autonòmic” evidentment) millor possible i n’aconsegueixi l’aprovació. Per aprovar-lo només té, crec, tres opcions. Un pressupost social liberal podria, probablement, ser aprovat amb el PSC però hi veig dos inconvenients: exigiria que JxC i ERC renunciessin a qüestions bàsiques relatives a l’autodeterminació i la República; dependria dels interessos conjunturals del PSOE a Madrid. Per aprovar-lo amb els comuns caldria que el pressupost tingués un perfil més socialdemòcrata (i no sabem quins condicionants tindria d’Unides Podem). Finalment, per aprovar-lo amb la CUP el pressupost hauria de tenir, sens dubte, alguns elements importants i significatius de caràcter anticapitalista.
Tant en el cas de la CUP com dels Comuns (almenys en part), es requeriria que el govern estigués disposat a enfrontar-se a les elits (l’1% dels més rics), a plantar-los cara, tant actuant sobre alguns impostos directes que les afectessin realment com, per exemple, posant fi a les subvencions a escoles segregades, no rescatant inversions com ara les de Barcelona World, posant fi a subvencions abusives a alguns grans grups mediàtics, tirant enrere en l’anomenada “llei Aragonès”... Ni els governs de CiU ni els de JxSí van voler recórrer aquest camí. Tinc molts dubtes que l’actual “govern efectiu” ho vulgui fer.
Es poden recordar els aspectes que dificulten el finançament de la Generalitat i les possibilitats d’elaborar un pressupost, exclusivament “autonòmic”, el més adequat possible: dèficit fiscal continuat i històric; incompliments continuats de les inversions estatals, perquè són molt inferiors a les que pertocarien i pel no compliment de les pressupostades; no compliment del sistema de finançament autonòmic previst a l’Estatut, també el “retallat”, i no revisió del sistema de finançament autonòmic; intervenció financera de la Generalitat, que comença el 2012 amb la ley orgánica de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financera, concretant l’article 135 de la CE després de la seva reforma (2011), i amb l’endegament del FLA (fons de liquiditat autonòmica) com a forma principal de finançament de les comunitats autònomes; intervenció que s’agreuja amb l’aplicació de l’article 155 de la CE i que continua amb l’aplicació d’un 155 no oficial, “tou”; finalment, els recursos dels governs espanyols i les sentències desfavorables del TC respecte a una sèrie d’impostos o taxes propis de la Generalitat per obtenir més recursos financers.
Ara bé, aquestes dificultats no poden ser excusa perquè el “govern efectiu” no presenti el pressupost (que serà més o menys “autonòmic” evidentment) millor possible i n’aconsegueixi l’aprovació. Per aprovar-lo només té, crec, tres opcions. Un pressupost social liberal podria, probablement, ser aprovat amb el PSC però hi veig dos inconvenients: exigiria que JxC i ERC renunciessin a qüestions bàsiques relatives a l’autodeterminació i la República; dependria dels interessos conjunturals del PSOE a Madrid. Per aprovar-lo amb els comuns caldria que el pressupost tingués un perfil més socialdemòcrata (i no sabem quins condicionants tindria d’Unides Podem). Finalment, per aprovar-lo amb la CUP el pressupost hauria de tenir, sens dubte, alguns elements importants i significatius de caràcter anticapitalista.
Tant en el cas de la CUP com dels Comuns (almenys en part), es requeriria que el govern estigués disposat a enfrontar-se a les elits (l’1% dels més rics), a plantar-los cara, tant actuant sobre alguns impostos directes que les afectessin realment com, per exemple, posant fi a les subvencions a escoles segregades, no rescatant inversions com ara les de Barcelona World, posant fi a subvencions abusives a alguns grans grups mediàtics, tirant enrere en l’anomenada “llei Aragonès”... Ni els governs de CiU ni els de JxSí van voler recórrer aquest camí. Tinc molts dubtes que l’actual “govern efectiu” ho vulgui fer.
La crisi del comerç internacional
Ja fa un cert temps (el 3 d'agost de 2019), a El PuntAvui em publicaven aquest article:
Tot i que encara té defensors, sembla que la
crisi de la globalització neoliberal s’està aprofundint. De fet, la
globalització actual, com ha estat assenyalat, no és un fenomen
totalment nou, sinó una nova mundialització de l’economia un cop es
decideix posar fi al control dels moviments de capitals per part dels
governs que es preveia en el sistema monetari internacional de Bretton
Woods. Això havia estat un element fonamental en la reforma del
capitalisme que s’havia intentat després de la II Guerra Mundial.
D’altra banda, el neoliberalisme és un terme equívoc perquè dona a
entendre que l’estat s’ha retirat de l’economia, quan en realitat no ho
ha fet, com s’ha demostrat a bastament en les actuacions fetes davant la
gran crisi de 2008/09
.
Un senyal principal de l’actual empitjorament de la crisi és la caiguda del ritme de creixement del comerç internacional. Així, en el moment àlgid de l’anomenada “globalització neoliberal” el comerç global creixia a un ritme de quasi el 8% anual, el doble del creixement del PIB, a conseqüència de l’expansió de les cadenes d’oferta/de valor globals (CVG) que havien estat transformant la producció en un procés integrat transnacional. En canvi, en el darrer any el comerç global amb prou feines ha crescut un 2,6% anual, segons l’Organització Mundial del Comerç, al mateix ritme que el creixement previst del PIB.
Alguns diuen que això és una conseqüència del proteccionisme de Trump (i d’altres) i de les guerres comercials, especialment entre els EUA i la Xina. Tanmateix, alguns treballs del Banc de Pagaments Internacionals-BPI (Bank of International Settlements-BIS) assenyalen que entre el 2000 i el 2008 hi havia una activitat frenètica en les CVG, especialment entre els EUA i la Xina, que van fer créixer les exportacions mundials respecte al PIB un 16% anual acumulatiu. En canvi, tot i una certa recuperació de les exportacions després del moment més greu de la crisi, el seu creixement no ha tornat a acostar-se, ni de lluny, als nivells d’abans del 2008.
Amb les facilitats ofertes pel sistema financer, que van donar lloc a un veritable boom del crèdit, abans de la crisi les empreses no tenien dificultats per finançar la seva activitat i el comerç internacional. Però amb la crisi, també financera, això s’acaba. Els bancs (els oficials i els shadow) ja no donen crèdits tan fàcilment, i no van patir simplement les seves pròpies bombolles especulatives, sinó que van afectar també la producció i el comerç internacional. Sembla que la bombolla del crèdit d’abans de la crisi que va donar lloc a un boom dels preus immobiliaris, també va produir una bombolla en les CVG i en el comerç internacional. Un cop aquesta bombolla ha explotat sembla difícil esperar, almenys a curt termini, que el creixement del comerç esmentat torni als nivells que hi havia abans de la crisi.
.
Un senyal principal de l’actual empitjorament de la crisi és la caiguda del ritme de creixement del comerç internacional. Així, en el moment àlgid de l’anomenada “globalització neoliberal” el comerç global creixia a un ritme de quasi el 8% anual, el doble del creixement del PIB, a conseqüència de l’expansió de les cadenes d’oferta/de valor globals (CVG) que havien estat transformant la producció en un procés integrat transnacional. En canvi, en el darrer any el comerç global amb prou feines ha crescut un 2,6% anual, segons l’Organització Mundial del Comerç, al mateix ritme que el creixement previst del PIB.
Alguns diuen que això és una conseqüència del proteccionisme de Trump (i d’altres) i de les guerres comercials, especialment entre els EUA i la Xina. Tanmateix, alguns treballs del Banc de Pagaments Internacionals-BPI (Bank of International Settlements-BIS) assenyalen que entre el 2000 i el 2008 hi havia una activitat frenètica en les CVG, especialment entre els EUA i la Xina, que van fer créixer les exportacions mundials respecte al PIB un 16% anual acumulatiu. En canvi, tot i una certa recuperació de les exportacions després del moment més greu de la crisi, el seu creixement no ha tornat a acostar-se, ni de lluny, als nivells d’abans del 2008.
Amb les facilitats ofertes pel sistema financer, que van donar lloc a un veritable boom del crèdit, abans de la crisi les empreses no tenien dificultats per finançar la seva activitat i el comerç internacional. Però amb la crisi, també financera, això s’acaba. Els bancs (els oficials i els shadow) ja no donen crèdits tan fàcilment, i no van patir simplement les seves pròpies bombolles especulatives, sinó que van afectar també la producció i el comerç internacional. Sembla que la bombolla del crèdit d’abans de la crisi que va donar lloc a un boom dels preus immobiliaris, també va produir una bombolla en les CVG i en el comerç internacional. Un cop aquesta bombolla ha explotat sembla difícil esperar, almenys a curt termini, que el creixement del comerç esmentat torni als nivells que hi havia abans de la crisi.
dimecres, 24 de juliol del 2019
Desigualtats salarials i crisis
Fa uns dies, a La Directa em varen publicar aquest article:
Desigualtats salarials i crisis
Juliol 17, 2019
A l’àmbit mundial, el 10% dels treballadors amb salaris més alts acumulen quasi el 50% del total de les remuneracions al treball (el 20% dels treballadors quasi el 70% dels ingressos), mentre que el 50% dels treballadors amb els salaris més baixos en reben només el 6,4%. De fet, el 20% dels treballadors amb els salaris més baixos (uns 650 milions de persones) reben menys de l’1% de l’ingrés laboral mundial, una xifra que, d’altra banda, s’ha mantingut pràcticament estable en els darrers 13 anys. I el 80% dels treballadors amb els salaris més baixos reben només un pèl més del 30% del total dels ingressos.
Tot i que la desigualtat en els ingressos salarials continua essent un problema greu a l’àmbit mundial, ens trobem que, globalment, la desigualtat dels ingressos laborals ha disminuït des de 2004, cosa que es deu bàsicament a una creixent prosperitat dels països emergents i, en particular, la Xina i l’Índia. Però aquesta convergència econòmica amaga un augment de les desigualtats en els ingressos a l’interior dels diferents països, especialment pels que reben uns salaris més baixos o uns salaris intermedis.
A l’àmbit mundial, la proporció de l’ingrés nacional (% del PIB) que va als treballadors està disminuint: ha passat del 53,7% el 2004 al 51,4% el 2017. En conseqüència, la proporció dels ingressos del capital han passat del 46,3% al 48,6%. Unes tendències que només es varen veure interrompudes temporalment en el moment àlgid de la crisi financera (2008/2009). Pel que fa a la distribució dels salaris, es constata que l’augment relatiu dels salaris laborals més elevats va associat a una disminució relativa per a tots els altres, tant els dels treballadors amb els ingressos més baixos com els dels treballadors amb els ingressos intermedis. Altrament, quan els salaris relatius dels treballadors amb ingressos baixos i intermedis augmenten, els guanys es distribueixen d’una forma més àmplia i igualitària, tot beneficiant a un nombre molt més gran de treballadors, amb l’excepció dels que reben els salaris més elevats.
Com més pobre i subdesenvolupat és un país (per exemple, els de l’Àfrica subsahariana) els nivells de desigualtat en els salaris són molt més elevats que quan un país (per exemple, els de la Unió Europea) és relativament més ric i més desenvolupat. És a dir, els treballadors més pobres dels països més pobres es veuen afectats doblement, tant pels baixos salaris del país com per la baixa proporció d’aquests salaris que els hi arriben. En alguns països relativament rics (per exemple, els EUA, Alemanya, Regne Unit), el que s’ha donat entre 2004 i 2017 són pèrdues substancials en els salaris dels treballadors més pobres i intermedis i guanys molt importants en els salaris dels treballadors més rics.
Així doncs, diguin el que diguin els corifeus del capitalisme, el que ens mostren les dades és que entre 2004 i 2017 les desigualtats salarials (i per tant de renda) són molt importants a l’àmbit mundial, i han tendit a augmentar de forma important. I això té conseqüències importants en diferents àmbits: pobresa i exclusió social, fam a molts països pobres, immigració, etcètera. Alguns defensen que les crisis del capitalisme actual es produeixen a causa d’aquestes creixents desigualtats, les quals porten a fer que les famílies i les empreses (sobretot petites i mitjanes) s’hagin d’endeutar excessivament i, en conseqüència, a una creixent inestabilitat financera. La liberalització i la desregulació financeres, que fan créixer el pes del sistema financer, permeten aquest endeutament excessiu i, quan els crèdits no es poden tornar, donen lloc a una crisi financera que després es trasllada també a l’economia real.
Però, per què i quan els crèdits ja no es poden tornar i es converteixen en un deute excessiu? Com que el capitalisme és una economia monetària (en la qual el diner juga un paper essencial) les crisis sempre apareixen en forma de col·lapses financers o de pànics monetaris. Però, que hi ha darrere d’aquesta aparença? Quines són les causes de fons de les crisis? Principalment, la incapacitat de guanyar més diners, de crear més valor. I això comença en els sectors productius (no en els financers) de l’economia, quan la seva rendibilitat (la seva taxa de benefici) comença a disminuir, perquè el capital ja no és capaç de trobar nínxols de mercat on fer inversions productives i rendibles. Una de les coses que intenten els capitalistes, per a evitar aquesta caiguda de la rendibilitat en els sectors productius, és la d’invertir en el sector financer. I pot ser que durant un període ho aconsegueixin, però a mitjà i llarg termini es produeix el procés que s’ha descrit abans: endeutament excessiu, impossibilitat de retornar els crèdits i crisi financera.
Així doncs, encara que alguns defensin que les desigualtats en la distribució de la renda i la riquesa són una de les causes importants de les crisis recurrents del capitalisme, de fet aquestes crisis són la conseqüència de la disminució de la rendibilitat del capital en els sectors productius i de les dificultats que té per a trobar sectors/nínxols de mercat a on invertir de forma rendible. L’augment de les desigualtats és una de les conseqüències importants de les crisis capitalistes recurrents.
diumenge, 30 de juny del 2019
Elits i democràcia
Ahir El PuntAvui em publicava aquest article:
Tribuna 29 de juny 2019
Elits i democràcia
Antoni Soy - Professor de la Universitat de Barcelona
La candidatura Eines de País ha guanyat clarament
les eleccions a la Cambra de Comerç de Barcelona i també ha col·locat
gent en altres cambres del país. Sens dubte ha estat una sorpresa,
potser per a la mateixa candidatura, i sobretot per als candidats de les
elits tradicionals de la Cambra (i de l’empresariat) així com per als
ideòlegs (intel·lectuals orgànics) d’aquestes elits, que ho han descrit
com un “veritable xoc”.
Aquests ideòlegs es pregunten com és que ha passat això, i donen una resposta evident en una democràcia: els potencials votants de les elits tradicionals de la Cambra no varen anar a votar de manera suficient, al contrari que els de la candidatura guanyadora. Es pregunten per què va passar, i són curioses, i profundament antidemocràtiques, les raons que donen. La principal és que es va canviar el procediment de votació en un doble sentit: es va permetre el vot electrònic i, a més, es va posar fi al sistema tradicional d’elecció que consistia a pactar prèviament, entre les elits de la Cambra i de l’empresariat, els candidats que acabaven guanyant.
Com que ara han anat a votar més empreses petites i autònoms i hi havia diferents candidatures no pactades, s’ha produït un altre resultat. La conseqüència ha estat que les elits tradicionals han perdut, i per això aquest nou procediment no els agrada i el fan culpable de la seva derrota. En cap moment reconeixen que, tot i que el nivell de participació continua essent baix, ha estat molt superior al que era tradicionalment en aquestes eleccions i, per tant, relativament més democràtic.
Al contrari, s’atreveixen a dir que l’estratègia que ha seguit Eines de País “és perjudicial per a la democràcia” i fins i tot es pregunten “com es pot frenar aquesta estratègia antidemocràtica”. I els ideòlegs ens parlen d’una suposada literatura acadèmica segons la qual certs activismes socials a vegades no són beneficiosos per a la democràcia. Es refereixen a “la seva democràcia” i només se’n recorden quan perden.
Perquè la democràcia significa que cada persona té un vot, independentment del seu estatus social, i en aquest cas, que cada empresa (gran, mitjana, petita o molt petita) també té un vot. O no? Potser això és només quan els convé o quan els afavoreix? Sembla que les elits i els seus ideòlegs preferien la situació anterior, en què anava a votar molta menys gent i els elegits eren pactats anteriorment entre les elits de les grans empreses. Un sistema que recorda molt, salvant les distàncies, la xacra que va representar el caciquisme en l’època de la primera restauració borbònica.
A més, en la línia del nacionalisme espanyol més radical, també afirmen que això introdueix una nova fractura, perjudicial, en la societat catalana. En aquest cas, segons ells, entre les petites empreses i les mitjanes/grans. No deu ser, més aviat, que fins ara les grans empreses i les seves elits feien i desfeien segons els convenia a la Cambra i ara veuen que aquests privilegis se’ls poden acabar?
Aquests ideòlegs es pregunten com és que ha passat això, i donen una resposta evident en una democràcia: els potencials votants de les elits tradicionals de la Cambra no varen anar a votar de manera suficient, al contrari que els de la candidatura guanyadora. Es pregunten per què va passar, i són curioses, i profundament antidemocràtiques, les raons que donen. La principal és que es va canviar el procediment de votació en un doble sentit: es va permetre el vot electrònic i, a més, es va posar fi al sistema tradicional d’elecció que consistia a pactar prèviament, entre les elits de la Cambra i de l’empresariat, els candidats que acabaven guanyant.
Com que ara han anat a votar més empreses petites i autònoms i hi havia diferents candidatures no pactades, s’ha produït un altre resultat. La conseqüència ha estat que les elits tradicionals han perdut, i per això aquest nou procediment no els agrada i el fan culpable de la seva derrota. En cap moment reconeixen que, tot i que el nivell de participació continua essent baix, ha estat molt superior al que era tradicionalment en aquestes eleccions i, per tant, relativament més democràtic.
Al contrari, s’atreveixen a dir que l’estratègia que ha seguit Eines de País “és perjudicial per a la democràcia” i fins i tot es pregunten “com es pot frenar aquesta estratègia antidemocràtica”. I els ideòlegs ens parlen d’una suposada literatura acadèmica segons la qual certs activismes socials a vegades no són beneficiosos per a la democràcia. Es refereixen a “la seva democràcia” i només se’n recorden quan perden.
Perquè la democràcia significa que cada persona té un vot, independentment del seu estatus social, i en aquest cas, que cada empresa (gran, mitjana, petita o molt petita) també té un vot. O no? Potser això és només quan els convé o quan els afavoreix? Sembla que les elits i els seus ideòlegs preferien la situació anterior, en què anava a votar molta menys gent i els elegits eren pactats anteriorment entre les elits de les grans empreses. Un sistema que recorda molt, salvant les distàncies, la xacra que va representar el caciquisme en l’època de la primera restauració borbònica.
A més, en la línia del nacionalisme espanyol més radical, també afirmen que això introdueix una nova fractura, perjudicial, en la societat catalana. En aquest cas, segons ells, entre les petites empreses i les mitjanes/grans. No deu ser, més aviat, que fins ara les grans empreses i les seves elits feien i desfeien segons els convenia a la Cambra i ara veuen que aquests privilegis se’ls poden acabar?
dijous, 27 de juny del 2019
#LleiAragonès
Ahir a La Directa em publicaven aquest article:
#LleiAragonès
Juny 26, 2019
Si es repassa la intervenció del vicepresident Pere Aragonès en el debat a la totalitat sobre el projecte de llei, o bé el que n’ha dit el ponent del grup republicà a la cambra o fora d’aquesta, es poden escatir quines són les raons principals que els porten a presentar-lo. S’ha parlat de “poder desenvolupar la directiva 2014/24/UE de la Unió Europea” o també d’adequar-se a la “Ley de contratos del sector público” espanyola. Però s’ha de dir que de cap de les dues se’n deriva l’obligació o la necessitat que el Parlament de Catalunya hagi de legislar sobre aquest tema. És més, sense ser un expert legal (i, per tant, amb el risc que això comporta), m’ha semblat que la directiva comunitària esmentada només assenyalava, per a la major part dels serveis a què es fa referència, la possibilitat (que no l’obligació o la necessitat) de regular-ne el contracte quan aquest excedís els 750.000 euros (article 4 d, article 74 i annex 14). Un llindar que no he sabut trobar en el projecte de llei catalana.
D’altra banda, s’insisteix molt en el fet que el projecte només vol establir les condicions dels contractes de les administracions i que tan sols fa referència als serveis que ja s’ofereixen externament (o sigui, els que ja estan privatitzats) i que no té per què suposar cap nova privatització. Tenint en compte que actualment la major part d’aquests serveis –que detalla molt minuciosament el projecte de llei– són oferts de forma directa per les administracions públiques, sembla lícit preguntar-se per què s’ha de fer una llei per a regular els contractes de serveis d’aquests tipus en el cas que es privatitzin, a no ser que hi hagi una voluntat (o una necessitat) de privatitzar-ne uns quants.
I això és independent del bonisme naïf que suposa, que donant un menor pes al preu a l’hora d’adjudicar el contracte (i perquè tindrà un pes màxim del 40%-30% pels de salut i no del 30%-25%, per exemple?) i un major pes a la qualitat o a les condicions socials i ambientals, que automàticament es promourà que les Pimes, les cooperatives i les empreses de l’economia social i solidària (ESS) tindran més possibilitats de guanyar els concursos. S’oblida que en una economia capitalista amb una competència despietada, les grans empreses extractives (i les seves filials) tenen més recursos de tota mena –doncs, més possibilitats– per complir aquests requisits (almenys sobre el paper) i emportar-se els contractes, quelcom que l’experiència recent ha demostrat a bastament. I que no totes les Pimes, cooperatives i ESS proporcionen unes condicions laborals adequades o compleixen amb els requisits ambientals i de qualitat que caldria.
No està de més recordar un parell de coses. En un informe especial publicat l’any passat, el Tribunal de Comptes Europeu analitzava una de les formes de privatització de serveis públics, la cooperació pública-privada (Public-Private Partnership), i encara que es referia a un tipus de serveis diferents dels d’aquest projecte de llei, en deduïa unes conclusions molt crítiques, com es pot concloure ja només a partir del seu títol: Les cooperacions públiques-privades a la UE: múltiples insuficiències i uns avantatges limitats. D’altra banda, si ens mirem les dades del Centre d’Estudis d’Opinió, el 2018 quasi el 87% dels enquestats considera que els serveis públics són molt importants i més del 42% consideren que tenen la màxima importància (10 sobre 10). Al mateix temps, quasi el 28% dels enquestats consideren que els serveis públics gestionats privadament funcionen pitjor que si són gestionats de forma pública i aquest percentatge ha augmentat quasi un 9% des de 2011, mentre que un 38% diu que funcionen igual i un 23% (quasi un 8% menys que el 2011) que funcionen millor.
Quines són, doncs, les raons que poden explicar el capteniment en l’aprovació d’aquesta llei? M’atreviré a apuntar-ne dues. En primer lloc, crec que hi ha una raó conjuntural: en una situació de 155 camuflat, molt especialment en l’àmbit del finançament, les finances de la Generalitat han patit (i pateixen) molt i no es té clar quan pot millorar aquesta situació. En aquest context, una “solució” per sortir de l’atzucac, encara que sigui de forma provisional i conjuntural, és la de privatitzar/oferir de forma externa certs serveis que actualment es donen de forma pública. Que un cop privatitzats ja serà molt difícil que tornin a ser públics. I és possible que alguns ajuntaments o altres entitats locals que també tinguin problemes financers s’hi apuntin, en lloc de, per exemple, mancomunar els serveis i mantenir-los com a públics.
En segon lloc, crec que hi ha una raó més estructural, més estratègica, que va lligada a la ideologia i a les opcions polítiques que li corresponen. Em sembla que actualment ERC, que és qui pren la iniciativa en el govern de presentar aquest projecte de llei, es mou entre una socialdemocràcia que pensa que és possible reformar el capitalisme (el capitalisme progressista d’Stigliz) d’una forma naïf i ingènua com ja s’ha explicat abans, i un social-liberalisme (que apareix com a creixent en la cúpula del partit) al que fa l’efecte que ja li van bé les fórmules de privatització (nua i crua o en cooperació público-privada) dels serveis públics.
Perquè la qüestió és que mantenir i millorar els serveis públics requereix disposar de més recursos econòmics per a finançar-los. I el que sembla més lògic, almenys des d’un punt de vista d’esquerres, és que aquests recursos surtin d’apujar els impostos que paguen els més rics (l’1%) i les grans empreses i d’implementar una lluita eficaç contra el frau i l’evasió fiscals, que també fan principalment els més rics i les empreses esmentades. És a dir, es requereix la voluntat política d’enfrontar-se amb les elits econòmiques i socials. Però, el que ens ha demostrat l’experiència dels darrers pressupostos de la Generalitat, pilotats per ERC, és que aquesta voluntat no ha existit (i res fa pensar que això hagi de canviar pròximament), almenys en aquests últims anys entre els responsables del Departament d’Economia i Hisenda.
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